CONSCIENCIA Y VIOLENCIA

10247456_625886917486990_1441677303101297611_nEl otro día alguien que cree en la educación respetuosa, alguien que tiene una filosofía de crianza similar a la mía me dijo que su hijo había tenido un comportamiento violento con una persona mayor y que ésta persona mayor estuvo a punto de pegarle, como por inercia, y ella a punto de permitirlo para que aprendiera sobre límites. Me confesó que a veces tiene ganas de pegar a su hijo cuando se pone así de violento.

Agradezco su honestidad en contarme todo esto porque gracias a ello he podido reflexionar mucho sobre esta dualidad. Creer en un tipo de educación porque nos la han explicado, porque de una manera digamos… razonable pensamos que es lo mejor, ni por asomo es lo mismo que integrarla o haberla vivido. De ahí que tengamos ciertas ideas sobre cómo queremos educar y luego veamos como salen fantasmas de nuestro interior en algunos momentos.

Siento que todos aquellos que estamos eligiendo una crianza distinta, respetuosa, tratando de dar mayor voz y voto a los niños tenemos un reto muy muy difícil ante nosotros. Es importante ser comprensivo y compasivo con nosotros mismos. Estamos intentando dar a nuestros hijos lo que, como hijos, no tuvimos. Y en algún lugar de nuestra mente, aunque sea muy al fondo, hay creencias que afloran en algunos momentos, bien por una situación estresante, bien porque nos quedamos sin recursos y no sabemos qué hacer. Así que es normal que alguna vez tengas ganas de pegar a tus hijos si tus padres usaban ese recurso cuando eras niño y te desbordabas.

Pero al igual que en otras áreas de la vida, cuando nos quedamos sin opciones, nos vemos forzados a crecer, a abrir nuestra mente y explorar nuestra infinita creatividad para solucionar problemas. Aunque en este caso, si nos quedamos sin opciones y en algún lugar recóndito de nuestro ser queda esa opción descartada de pegar como un modo de poner límites, es más probable que recurramos a esa opción antes de explorar nuestra creatividad.

¿Qué pasa si pegarle a otro ser humano, tenga la edad que tenga, deja de ser considerada una opción? Pues lo que pasa hoy en día en la mayoría de las parejas que ya tienen integrado en todas las células de su cuerpo que por más problemas que tengan entre ellos, pegar al otro no es la solución. Es una cuestión de consciencia y la consciencia es evolutiva. Mientras hace unos años se consideraba normal que un marido le levantara la mano a su mujer, hoy ya no es tan normal y los hombres han ido integrando esto en su psique, de tal manera que hagan lo que hagan las mujeres, esa opción no está disponible en una gran mayoría de hombres. Recurrimos al diálogo, al enfado, dejamos de hablarnos días o semanas, pedimos el divorcio o damos ultimátums, pero jamás se nos pasa por la cabeza pegar a nuestra pareja porque tengamos problemas con ella. Y estas opciones a las que ahora recurrimos, tampoco es que sean las únicas, de hecho son formas de castigo también, pero son un paso intermedio en favor de la auténtica comunicación entre seres humanos, de conocerse y conocer al otro, de servir al amor que somos y que nos une en cualquier situación, pero si aún necesitamos estar una semana sin hablarnos para reflexionar y llegar a acuerdos, siempre será mejor que recurrir a una paliza y como paso evolutivo que es, hay que valorarlo.

Y al mismo tiempo sigue existiendo la violencia de género y siguen existiendo patrones que provienen del pasado, sólo que socialmente ya son censurados y se toman medidas para evitar que un colectivo que ha estado años en desventaja siga siendo violentado de manera sistemática. Hay información y recursos nuevos para erradicar algo que, como sociedad en constante evolución, sabemos que no nos lleva a donde queremos dirigirnos.

Estamos creciendo como seres humanos, estamos eligiendo constantemente, incluso cuando evitamos tomar una decisión seguimos eligiendo. Cada reto, cada desafío, en la pareja, en la crianza, en las relaciones en general, nos dan la oportunidad de revisar nuestros objetivos, hacia dónde vamos como ser humano. Sigue existiendo violencia en cada uno de nosotros, no se nos juzga por desear hacer daño a otra persona a menos que pasemos del sentimiento a la acción. Así que podemos darnos la oportunidad de esa honestidad con nosotros mismos, reconocer ese deseo de agresión y utilizarlo para cuestionarnos en qué punto estamos nosotros, cuanta violencia queda aún que no hemos conseguido limpiar de todo lo que traemos como ser individual y como colectividad humana. Y en esa gratitud de vernos, podemos transformar y elevarnos a otras formas de relación y comunicación con nuestros semejantes, sean hijos, padres, parejas o vecinos.

Nuestros hijos e hijas y los sentimientos menos hermosos que despiertan en nosotros, son el mejor barómetro para indicarnos dónde estamos realmente… por muchas teorías que tengamos, mientras cualquier tipo de violencia siga siendo una opción (castigos, golpes, gritos, amenazas…), mientras quede en nuestro interior ese impulso de ataque a quien es más débil,  significará que hay aún mucho trabajo por hacer dentro de nosotros y, visto desde este lugar, no hay reto que no podamos afrontar y resolver en aras de una forma más amorosa de vivir, de comunicarse y de convivir.

Antes de cuestionarme cuantas guerras e injusticias hay en el mundo, antes de llorar por los conflictos armados y los niños que mueren, debo examinar cuánta ira y violencia queda aún dentro de mí.

En palabras de Gandhi:

Nadie puede hacer el BIEN en un espacio de su VIDA,
mientras hace DAÑO en otro.
La vida es un todo indivisible.

SE el CAMBIO que quieras ver en el mundo.

 

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