Costumbre

Hay una palabra que me ronda la cabeza y que se utiliza mucho cuando hablamos de niños. Hablo del verbo acostumbrar y sus derivados, malacostumbrar, ha cogido esa costumbre, etc…

¿Qué significa acostumbrarse a algo? Según el diccionario significa “hacer que una persona tome costumbre o hábito. Tener hábito de hacer determinada cosa”.

¿Por qué nos acostumbramos a las cosas? A base de repetir ciertas acciones, llegamos a hacer costumbre o hábito. Hay cosas que empezamos a repetirlas, hasta que se convirtieron en costumbre, porque nos gustaba hacerlas. Otras son exigencias de la vida, que sin que nos gustaran en exceso, tuvimos que hacerlas porque era imprescindible para nosotros, es decir, no nos gusta trabajar, pero necesitamos el dinero que nos supone al final de mes. No nos gusta madrugar, pero lo hacemos porque si no llegamos tarde al trabajo y nos echan. No nos gusta lavarnos los dientes, pero lo hacemos porque nos gusta aún menos ir al dentista con una caries. Para las cosas que no nos gustan, siempre hay algo que lo compensa de alguna manera.

Pero para los niños no es así. “Los niños se acostumbran a todo”, dicen por ahí. Es cierto, si por acostumbrar entendemos que sobreviven haciendo cosas que no desean hacer, si entendemos que con el tiempo, terminan haciéndolas sin quejarse tanto como al principio. Terminan por no quejarse porque, cuando lo intentaron, fracasaron una vez tras otra. Y lo que aprendieron fue que no merece la pena luchar contra ese algo concreto que les obligan a hacer porque al final siempre ganan los adultos. No nos engañemos, ningún niño aprende a hacer algo que no les gusta, ni se acostumbra a ello porque entienda las razones por las que hay que hacerlo.  Simplemente se han rendido y la lección que queda en su subconsciente es que hay cosas por las que no merece la pena luchar.

Efectivamente, en muchos casos no nos queda más remedio que obligar a nuestros hijos a ciertas cosas, pero ¿realmente son tantas? ¿de verdad no podemos renunciar a algunas de ellas en favor de su autoestima y su bienestar? Y, en el caso de las inevitables, ¿no es mejor convencer, incitar, atraer, captar y persuadir en lugar de ACOSTUMBRAR?

Hacer algo por propia voluntad siempre es mucho más satisfactorio, aprendemos más, lo disfrutamos y favorece nuestra autoestima. Hagámosle ese regalo a nuestros hijos e hijas.

 

 

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