FLUIR

río fluyendoFLUIR

Últimamente se utiliza esta palabra como parte de un lenguaje “espiritual” que nada tiene que ver con el significado original, como excusa para no hacer o para no comprometerse con la acción más allá de las palabras. O como justificación a aquello que hacemos o decimos impulsivamente, aquello que daña, que no aporta, que interrumpe el auténtico flujo del amor en las relaciones.

Según el diccionario fluir es: Correr [un fluido] por un lugar o brotar de él. Brotar con facilidad y abundancia.

Para mí la representación más exacta de fluir la tenemos en la imagen de un río. Un río que siempre está en movimiento, a veces lento, a veces rápido y cuando llega a un salto sigue hacia adelante saltando al abismo y convirtiéndose en cascada. Fluir es el arte de seguir en movimiento, sin saber con certeza que paso es el siguiente, pero en la confianza absoluta de que el movimiento es necesario, es imprescindible.

Fluir es ir despacio como ese río aparentemente parado pero que lleva el flujo en su interior, o rápido cuando la vida lo requiere en los lugares más caudalosos. Fluir es decir sí a lo que sucede, intentar lo nuevo, brotar en abundancia de ideas, proyectos, intentos, sueños y aceptar lo que sucede con la confianza puesta en el camino, que es interminable, que no tiene una meta definida porque lo importante es el recorrido.

Fluir… una hermosa palabra que oigo a menudo y siento desvirtuada por nuestro ego en conversaciones del tipo: ¿quedamos para hacer esto tal día? No sé, voy a fluir… dejando al otro en la incertidumbre de contar o no con nosotros. Fluir es decir sí porque la vida te presenta esa oportunidad y te abres a ver qué pasa. Fluir es decir no cuando todo cuerpo siente rechazo ante un camino, no por miedo, no porque sea fatigoso emprenderlo, sino porque es no y todo tu ser lo sabe… ese no es el siguiente paso. Fluir es aceptar que el camino escogido no lleva a ninguna parte, cuando está tan lleno de obstáculos que es imposible seguir adelante y hay que mirar a los lados para buscar otras maneras de seguir fluyendo, como el agua, cuando la roca es tan grande que la rodea pero sigue fluyendo a su alrededor.

La vida siempre es movimiento, la muerte es estancamiento. Sentir la necesidad de un descanso, consciente, también es fluir. Pero permanecer en el descanso demasiado tiempo es estancamiento y, como el agua estancada, se pudre.

Fluir es abundancia y movimiento, es brotar y surgir, es caer y levantarse, parar para respirar y seguir adelante por un camino o por el otro.

Fluir es escucharse, sentir el cuerpo, recibir su mensaje y actuar en consecuencia. Es permitir que surja lo que nace y que se vaya lo que muere. Es decir hola a lo que llega y adiós a lo que se marcha. Permitir que sea la emoción en mí, sin aferrarme a nada, sintiendo y dejando que lo que ES, sea. Y actuar siguiendo mi sabiduría, mi intuición, mi propósito, en presente, en este instante, siempre ahora, libre de condicionamientos del pasado, de miedos infundados, de pensamientos que sopesan pros y contras. Fluir…

 

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