Mamá, me dijeron desobediente…

Mamá, C. me dijo desobediente!!

C. es la profesora de psicomotricidad de Noa, que en dos días cumplirá 5 años. Sólo tiene clase con ella dos horas a la semana, el resto del tiempo está con E. una profesora de infantil que coordina una clase de 11 niños de 3, 4 y 5 años.

Como es lógico, al pasar Noa 23 horas a la semana con E. y sólo 2 con C. es lógico pensar que los conflictos se dan en mayor proporción con E. que con C. Sin embargo, a Noa sólo le afectan negativamente las cosas que suceden en clase de psicomotricidad.

Para mí, como persona que creo en la libertad de cada uno de nosotros y confío en las capacidades naturales que traemos al mundo y en que nuestras intenciones siempre son las mejores incluso cuando nos equivocamos estrepitosamente, ser “obediente” no es precisamente una cualidad que yo cultive ni en mí misma ni en mi crianza, es más… no es una cualidad en absoluto, si tuviera que calificar la obediencia es más probable que la incluyera en la categoría de defectos. Es posible que me hiciera la vida más fácil si mi hija acatara mis órdenes sin protestar, sin cuestionarse, sin confrontarme, sin entender lo que le pido ni porqué… pero realmente no me gustaría que esta fuera su forma de manejarse en el mundo cuando fuera adulta. Aún así, mi hija se sintió agredida, insultada por esa palabra: “desobediente”.

Sólo he hablado una vez con C., la profesora de psicomotricidad, porque eran muchos los momentos de tensión que vivía en casa con los insultos que esta mujer utiliza con los niños (malcriada, maleducada…), en particular con mi hija, niña educada en la “no obediencia ciega” y cuyas normas siempre son consesuadas y decididas con su presencia y participación activa. La veo entrar y salir todos los días al colegio cuando llevo o recojo a Noa y la energía que emana con su paso al caminar, con su cara de enfado permanente y una seriedad que raya la amargura en su mirada, no me parece la más idónea para trabajar con niños (ni con personas de cualquier edad). No es una persona abierta al diálogo, así de primeras, ni tampoco alguien que derroche simpatía, amor ni buen rollo a su alrededor. Así que comprendo que si en lugar de “desobediente” le dijera lo contrario con la misma energía mi hija también se lo tomaría como un insulto.

Con E., su profesora tutora, vive muchos procesos a lo largo de la semana y, alguna vez incluso ha venido diciendo que estuvo en la “silla de pensar”, herramienta educativa ¿? en la que yo no creo en absoluto pero que comprendo que, en algún momento, en una clase con 11 niños de tan distintas edades y necesidades, hasta una profesora abierta al diálogo pueda llegar a emplear. Y bien, a pesar de que esta herramienta de exclusión y tiempo fuera nunca se ha utilizado en casa, Noa no parece tan afectada por esto como por una simple etiqueta como desobediente, malcriada o maleducada de la otra profesora.

Para mí la diferencia estriba en quien es quien en este triángulo. E. puede verse desbordada en un momento dado, como yo, como tú que me estás leyendo, como todos. Conoce y quiere conocer la realidad de mi hija, sabe como pretendemos educarla y respeta nuestras creencias sin discutirlas ni confrontarlas. Sabe que nuestra forma de educar la hace diferente y se preocupa porque esta diferencia no sea dolorosa para ella atendiéndola, conteniéndola en muchas situaciones, incluso haciendo de intermediaria con sus compañeros cuando el “ser distinta” la lleva a situaciones de tensión con los niños de su clase.  Pretende integrarla y que sea feliz pero sin “robarle” su identidad, sin forzarla a entrar en un sistema que nos quiere a todos homogéneos (y eso que intuyo que ella, en el fondo, cree que sería mejor para Noa ser como todos los demás, tener menos personalidad, etc…). Para E. mi hija es un reto que la hace crecer como persona y como profesora, admite sus errores, valora todo lo positivo que mi hija indudablemente ES  a pesar de que muchas de sus virtudes no le resulten cómodas en su labor como maestra. Así que, evidentemente, si alguien que te valora realmente, alguien que conoce tu realidad, alguien que te respeta y quiere acompañarte en tu camino sin moldearte a su antojo, señala alguna de tus debilidades, te lo tomas de una manera muy distinta que si viene de una persona que te juzga y no ve más allá de los detalles de tu personalidad que le incomodan la vida. En definitiva, E. es una persona, que incluso en los momentos de tensión con Noa, tiende a valorarla como un ser que es mucho más que una simple anécdota puntual y, aunque se desborde en un momento dado, su energía y vibración es de comprensión y escucha, de atención y apertura. Muchas veces hemos hablado de sus dificultades con Noa, pero también de lo mucho que aprende de ella cuando la saca de su zona de confort, de cómo la obliga a mejorar, a mirar dentro de ella las emociones que resultan de las interacciones más difíciles. La única vez que hablé con C. fue justo lo contrario, una mujer a la defensiva culpando a una niña de 4 años y medio de todas las dificultades que tiene con ella en clase, una mujer que no valora ninguna cualidad en Noa, una mujer que no se hace responsable de lo que siente ni de lo que transmite vibracionalmente.

-          Mamá, C. me dijo desobediente!!

-          ¿Y cómo te sentiste tú?

-          Pues mal…

-          ¿Sabes que es ser desobediente?

-          No

-          Pues una persona desobediente es alguien que no hace lo que le dicen todo el tiempo, es alguien que, antes de hacer lo que le piden, quiere saber porqué tiene que hacerlo, quiere que le expliquen para qué, es alguien que quiere colaborar pero con consciencia, alguien con criterio propio para decidir por sí misma si lo que le están pidiendo quiere o no quiere hacerlo. Y una persona obediente es lo contrario, hace lo que le dicen y no le importa si dentro de su corazón siente algo distinto a lo que le mandan. ¿Cómo eres tú? ¿Con cual de estas dos personas te identificas?

-          Yo quiero colaborar pero si no quiero hacer lo que me mandan no lo hago.

-          Ah!!! Entonces aunque C. te dijo una palabra con una energía que no te gustó y te sentiste mal, en realidad dijo algo maravilloso sobre ti ¿no crees?

-          Mmmm…. Sí.

Las palabras no son bonitas ni feas por sí mismas, podemos sentirnos mal cuando interpretamos las intenciones del otro, cuando percibimos más allá de lo que nos están diciendo. Cuando somos adultos, incluso las mejores intenciones pueden ser malinterpretadas por nuestra propia mochila emocional cuando la densidad de nuestra sombra no nos deja percibir la realidad del otro sin el filtro de nuestra tendencia a infravalorarnos, a anticipar lo negativo, a ver lo peor en el otro y en nosotros mismos.

El lenguaje verbal es sólo un 7% de la comunicación entre dos personas, la mayor parte de heart_fieldla comunicación sucede en niveles más sutiles como los gestos, la mirada, el tono y la entonación de la voz, y aún más sutiles como la vibración que surge de nosotros y que es una información precisa de cómo nos sentimos en ese momento y respecto a la situación concreta. El campo vibratorio que nuestro corazón genera se extiende entre 2 y 4 metros a nuestro alrededor, así que, aunque no estemos diciendo nada con la boca, nuestros campos vibratorios se están comunicando en las distancias cortas, interactuando, mezclándose e intercambiando información.

Así que, desde mi punto de vista, además de las palabras (e incluso más) debemos cuidar esa vibración que emanamos de forma inconsciente en nuestro trato con los demás, especialmente con nuestros hijos. Podemos enfadarnos, podemos equivocarnos, pero la base sobre la que se sustenta todo nuestro pensamiento ¿cuál es?¿cuales son nuestras creencias erróneas que sostienen esta situación difícil? ¿nuestro campo vibracional qué emana?¿estamos sintiendo este conflicto como lo que es, una oportunidad, o como un problema?

 

 

This entry was posted in Sin categoría and tagged . Bookmark the permalink.

2 Responses to Mamá, me dijeron desobediente…

  1. Esther de alba says:

    Sonsoles querida:

    Que triste leer lo que ha pasado con Noa. Nosotros educando con tanto respeto y amor a nuestros hijos decidimos no escolarizar a nuestros hijos, ya que el sistema va muy en contra en el crecimiento, desarrollo natural en los niños.
    Saludos desde Monterrey México!

    • admin says:

      Hola Esther!! Qué alegría encontrarte en este nuevo espacio!!
      Sí, es triste que la sociedad sea así, que las personas que, en teoría se dedican a acompañar a los niños, estén tan necesitadas ellas mismas como para hacer bien su trabajo, pero también es importante no menospreciar nuestra capacidad para regular y transformar todo eso. Por supuesto que genera un trabajo mayor que simplemente no exponerse a situaciones así y estoy de acuerdo contigo en que la educación en casa es lo mejor en este momento, pero si al final nos quedamos sin opciones y recurrimos a la escolarización, es importante confiar en nosotros y en la capacidad de nuestros hijos/as, en nuestras fortalezas como familia para transformar lo menos hermoso que suceda.
      Un abrazo enorme para ti y para tu linda familia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>