PADRES Y MADRES “CONSORTE”

216747_478281158892591_1214912947_nA veces escucho a padres y madres “consorte” hablando y juzgando lo que hacen los padres y madres biológicos con sus hijos e hijas. Es esa novia del padre que dice: “es que la niña está muy malcriada” y lo dice con total libertad, sabiendo que ella nunca será juzgada porque jamás tuvo ni tendrá hijos propios. Es ese novio de la madre que dice: “esto no me parece normal, mi hijo nunca lo hizo”, porque tuvo un hijo con otra persona que se comportaba de un modo más “adecuado” a lo que esta sociedad enferma espera de los niños y niñas, de los seres humanos en general.

La idea básica es la famosa TABULA RASA según la cual los niños vienen al mundo como un ordenador sin sistema operativo ni programas instalados previamente,  esperando que nosotros introduzcamos el programa adecuado para nuestra familia y sociedad. Según esto y según esos expertos opinólogos los bebés nacen y crecen, pero son lo que son por lo que padres y madres les han dado. Y nada más lejos de la realidad. El bebé ya tiene carácter y también experiencias que marcan su existencia antes de nacer. Las emociones que el bebé siente en el útero materno ya son una experiencia que le modela y le transforma. Pero aún hay más… ese bebé ya traía su programación. Hay bebés que con menos de un año de vida y sin haber pronunciado una palabra aún ya han cambiado la forma de pensar y de ser de sus padres.

Si eres padre o madre de otro niño deberías saber que lo que ese niño o niña es, no es por ti, no es por lo que hiciste o dejaste de hacer, aunque evidentemente tu manera de acompañarlo en su camino y con sus particularidades haya ayudado o entorpecido el desarrollo de su potencial intrínseco. Si nunca has sido padre o madre antes aún eres más arrogante juzgando el trabajo de tu pareja con su hijo porque, además de lo anterior, es que tú ni siquiera tienes una leve idea de qué se siente cuando tienes un hijo, cuando sientes la responsabilidad y el miedo de no saber cómo hacer lo mejor siempre aunque ese sea tu mayor deseo.

Es fácil juzgar, es fácil castigar con nuestros comentarios a ese otro que percibimos fuera de nosotros. En mi trabajo con familias que se preocupan por el bienestar máximo de sus criaturas, acompaño, ayudo, doy técnicas para que la comunicación fluya de la mejor manera, pero jamás les ayudo a creer que todo está en sus manos, porque no es verdad. Nuestros hijos ya tienen sus características, sus propios retos, sus virtudes, sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Y con esto no estoy diciendo que no podamos hacer nada, de hecho, podemos hacer mucho. Pero lo que podemos hacer dependerá de cada hijo en particular. Como dice Carlos González, por mucho que le des de comer a un caniche nunca llegará a ser un pastor alemán. Y eso es aplicable también a la crianza. Lo único que podemos hacer es mejorarnos a nosotros mismos, corregir nuestras percepciones, despojarnos de nuestra forma condicionada de ver a los niños y ser la mejor versión de nosotros mismos para acompañarlos a ellos a ser la mejor versión de sí mismos que puedan llegar a ser.

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