SENTIR (primera parte)

entender-o-sentirSENTIR (parte 1)

 

No me he parado a analizar de dónde viene ni a elaborar hipótesis sobre el origen y las causas, como suelo hacer con todo lo que me rodea. Siento que vivimos en una sociedad que da mucha importancia a los síntomas,  a lo visible y jamás se plantea el origen de las cosas ¿de dónde viene y cómo se produce esto que me preocupa ahora y de lo cual sólo veo una parte que acapara por completo mi atención? Por esta sensación de desatención a los orígenes de las cosas, las conductas, la rabia, la enfermedad, el dolor…  es por lo que siempre voy más allá de lo observable, tanto en mi consulta como en mi vida personal.

Pero de lo que hoy me apetece hablar, es algo que vengo observando hace tiempo, mucho tiempo y a lo que no podía siquiera nombrar. Es como cuando una idea te ronda y no la puedes pensar, sabes que está flotando a tu alrededor porque de repente te viene como una luz, una pista y con la misma rapidez se va sin que te dé tiempo a alcanzarla, a elaborarla.

Veo a mi alrededor un mundo de personas con miedo a sentir. En un primer momento se podría llegar a pensar que sólo tienen miedo a sentir el dolor, la frustración, la tristeza… pero con una mirada más profunda, una mirada que me permite el hermoso trabajo de acompañar personas en sus procesos vitales, puedo vislumbrar que no se trata sólo del dolor sino de cualquier tipo de emoción de cierta intensidad. He conocido personas que tienen miedo de la felicidad también. Tienen miedo de sentir un placer tan intenso que les haga perder el control. Tienen miedo de sentirse plenas con su vida fácil y hermosa por si todo cambia de repente, como si un castigo esperara al acecho en cualquier esquina cuando son felices. Por eso no se permiten disfrutar de todo lo bueno que hay en sus vidas en un momento dado.

También he conocido personas con tanto miedo a la pérdida, al dolor, a la decepción… que no se permiten tener nada en sus vidas que en algún momento les pueda llevar a esas sensaciones. Creen que así tienen controlada su dosis de dolor sin darse cuenta de que en realidad nunca han controlado nada ni nunca controlarán nada.

En el ámbito profesional, conozco muchos médicos, psicólogos y personas que acompañan a otros en los procesos vitales más dolorosos que mantienen la distancia para no sufrir, no empatizar y mantener a raya sus emociones. Nos enseñan así, nos adiestran así: ¡mantente lejos!

Honestamente, yo no sé para qué estamos aquí, qué hacemos en esta vida ni si hay algo más allá. Pero si me preguntaran y tuviera que arriesgar una respuesta, posiblemente diría que estamos aquí para sentir, porque nuestro cuerpo es un excepcional receptor de sensaciones de todo tipo y hemos venido a sentirlo todo, todo lo que nos toque, sin esquivar nada.

No pretendo decir con esto que nuestras vidas deberían ser una montaña rusa de emociones todo el tiempo, pero sí que podríamos abrir nuestra capacidad emocional para sentir todas las emociones y sensaciones que se nos brindan y que esto nos permitiría una vida mucho más rica, intensa y plena sin que pasaran cosas en ella necesariamente espectaculares. Sentir y soltar… sin aferrarse a nada. Sentir lo que ahora toca sin preocuparse por lo que toque después ni por lo que tocó ayer. Sentir lo que nos avergüenza, lo que nos entristece, lo que nos da placer, lo que nos deflagra… en la confianza de que todo es un constante devenir, que todo pasa a través de nosotros y no tiene porqué quedarse a menos que pongamos nuestra voluntad (la mayoría de las veces inconscientemente) en ello.sentir y crear

This entry was posted in Sin categoría. Bookmark the permalink.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>