SENTIRNOS SOLOS ES PARTE DEL PROCESO

1463041_10206179076735127_1194923744153060020_nCuando una persona acude a terapia, sea del tipo que sea, normalmente ya hace mucho tiempo que está viviendo una vida que no es la que quisiera, o está viviendo la vida que cree que le toca desde un lugar de resistencia y conflicto, consigo mismo y con los demás.

Mi trabajo, normalmente, se centra en averiguar qué es lo que desea esa persona, cuáles son sus limitaciones para vivir esa plenitud que anhela, trabajar la propia responsabilidad en la vida que estamos eligiendo a cada paso, cambiar las creencias limitantes por otras que ayuden al Ser a expandirse, cuestionarlo todo, sobre todo aquello que nos esclaviza y nos hace infelices. Donde decimos: “es que no tengo otra opción”, yo abro la puerta de las opciones y pregunto: “¿de verdad no tienes otra opción?”.  Y SIEMPRE HAY OTRA OPCIÓN, NORMALMENTE MUCHAS MÁS.

Cuando somos víctimas de una situación, cuando decimos no puedo, no tengo otra opción, obtenemos un beneficio que no siempre podemos ver con claridad. En nuestra sociedad las víctimas son cuidadas, protegidas, auxiliadas y también son las receptoras de todas las agresiones. ¿Somos víctimas porque nos agreden o nos agreden porque nos sentimos víctimas?

A través de un proceso como el que yo propongo a quienes buscan mi ayuda (y estoy segura de que no es el único), vamos desvelando capas y capas de esos beneficios con los que nuestro pequeño ser, nuestro ego o como queramos llamarlo, se conforma, tales como la aceptación y la simpatía de aquellos a quienes amamos. Y vamos encontrando nuestro verdadero poder interior para crear la vida que realmente nuestro corazón desea experimentar y podemos ver que los beneficios de esta nueva elección son mucho mayores y sólo dependen de nosotros mismos. Es aquí cuando comienza la conexión real con nuestro poder creativo, cuando comenzamos a explorar todo el universo de posibilidades que siempre hemos tenido ante nosotros y que ahora nos parecen tan evidentes.

Y sucede que, en algún momento de este proceso, nuestros seres queridos, nuestras familias, nuestros amigos empiezan a notar un cambio en nosotros y la presión que ejercen comienza a jugar en contra. Lo que antes eran avances, de repente se experimenta como un estancamiento, frustración, dolor. Dejamos de contar con el apoyo de nuestros seres queridos y esa es una pérdida de beneficio para nuestro pequeño ser demasiado importante para obviarla. Sin embargo, a todos aquellos que se atreven a seguir creciendo, a seguir haciéndose cada día más responsables de sí mismos, a confiar en sí mismos y en su proceso vital, a desapegarse de lo que suceda con sus relaciones personales, a cambiar de amigos y seres queridos si es necesario, a rodearse de nuevas personas con las que compartir la vida desde un lugar de creadores y no de víctimas, a todos estos valientes les sucede algo curioso. Experimentan un período de soledad, un tiempo en el que todos los que antes eran importantes en su vida se retiran, se alejan, se enfadan, protestan… y a través de la confianza y la entrega de todos los sentimientos que esto produce a quien está en proceso de dar un giro a su vida, de repente se encuentran con un día en el que todo se vuelve a colocar. Es como si una repentina aceptación embargara a todos los que se rebelaban en un principio. Algunos no vuelven, normalmente relaciones demasiado tóxicas que no nos convenían, pero la mayoría vuelven y empiezan a aceptar nuestra nueva vida, nuestra nueva manera de estar en el mundo y, en no pocas ocasiones, nos convertimos en el epicentro de un nuevo comienzo para aquellos a quienes más amamos.

En palabras del gran Wayne Dyer: no mueras con la música aún dentro de ti.

 

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