Ser y Confiar

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Ser y Confiar es una propuesta que nace de mi experiencia de vida y maternidad, producto de recopilar gran cantidad de información y de las experiencias vividas en los últimos años acompañando a familias en sus procesos vitales a raíz de la llegada de los hijos, principalmente. Pero por encima de todo es una propuesta fruto de mi sentir más profundo y conectado con mi propia naturaleza humana y mamífera, mis observaciones y reflexiones sobre todo lo que me rodea, mi forma de entender las relaciones, la crianza, la vida, la pareja, la maternidad/paternidad… la Vida.

Mi sentir es que la crianza, la familia, la maternidad se cuidan desde la posición que cada uno ocupa: papá, mamá, abuelo, abuela, profesores, cuidadores… Cualquier familiar o profesional que desee formar parte de la vida de un nuevo miembro por llegar tiene su contribución y su papel irremplazable en la vida del recién llegado. Como madres/padres, es importante cuidarnos desde la concepción, incluso antes, aumentando nuestra consciencia, nuestra honestidad con nosotros mismos y los demás, recopilando la información que podamos necesitar para llevar a cabo nuestro acompañamiento del modo en que nuestro instinto nos dicte, y a través de una plena consciencia y honestidad podremos diferenciar nuestro instinto y conexión más puros de los condicionamientos sociales y culturales que se nos han ido colando por la puerta trasera de nuestra mente durante toda una vida. Todas las opciones son respetables dentro de una consciencia informada de todas las opciones disponibles. Como profesionales, maestros, cuidadores en guarderías o escuelitas infantiles, pediatras, etc…estos ingredientes son también muy importantes, limpiar las propias sombras, ser conscientes de la mochila que cada uno porta para poder distinguir nuestras emociones y frustraciones personales del trabajo con los pequeños a los que acompañamos tiene una especial relevancia.

A lo largo de la vida todo lo que nos rodea ejerce una influencia en nosotros, mucha o poca, más o menos trascendente…pero cualquier vivencia y experiencia suma en nuestra existencia individual. Por esta razón me parece relevante que tanto las familias como los profesionales dedicados al trabajo con niños sean cada vez más conscientes de sí mismos, se hagan responsables de sí para poder minimizar la influencia en quienes yo considero que ya traen lo verdaderamente importante y trascendente, eso que muchos adultos perdimos, el sentido de la propia existencia, la conexión con la Vida…

Aún recuerdo cuando cayó en mis manos “El libro del niño” de Osho… estas palabras que a continuación copio extraídas literalmente del libro me impresionaron enormemente pues yo estaba tan preocupada en legarle a mi hija una “buena influencia” en “enseñarle lo mejor que pudiera a vivir su vida”…que recibí un enorme impacto al conocer que un hombre que dejó al mundo tantas sabias palabras y consejos de vida había tenido una infancia “sin influencias” (entrecomillado pues siento que es imposible crecer sin ninguna influencia en absoluto). Dice así:

En un mundo mejor, cada familia aprenderá de los niños. Tienes mucha prisa en enseñarles. Nadie parece aprender de ellos y tienen mucho para enseñarte. Y tú no tienes nada que enseñarles.

Sólo porque eres mayor y más poderoso empiezas a hacerlos como tú sin ni siquiera ponerte a pensar qué eres tú, hasta dónde has llegado, cuál es el estatus de tu vida interior. Eres un pobre; ¿y deseas lo mismo para tu hijo?

Pero nadie piensa; de otro modo la gente aprendería de los ni­ños pequeños. Los niños traen mucho del otro mundo porque es­tán recién llegados. Todavía llevan consigo el silencio del útero, el silencio de la existencia.

Por eso, fue sólo una coincidencia el que durante siete años per­maneciera sin ser molestado, sin nadie que me regañara, que me preparara para el mundo de los negocios, la política, la diplomacia. Mis abuelos, especialmente mi abuela, tenían más interés en de­jarme tan natural como fuera posible. Mi abuela es una de las cau­sas ‑estas pequeñas cosas afectan a todos tus patrones de vida‑ de mi respeto por las mujeres.

Era una mujer muy sencilla, sin estudios, pero de inmensa sen­sibilidad. Ella se lo aclaró a mi abuelo y a su criado:

‑Todos nosotros hemos vivido un tipo de vida que no nos ha lle­vado a ningún sitio. Estamos más vacíos que nunca y ahora se acer­ca la muerte. Dejemos sin influir a este niño ‑insistió‑. ¿Qué in­fluencia podemos ejercer? Sólo podemos hacerle como nosotros, y nosotros no somos nada. Démosle una oportunidad de ser él mismo.

Siento un profundo agradecimiento a esta anciana.

 

Dentro de una sociedad tan estructurada como es la que transitamos es prácticamente imposible dejar que un niño crezca siendo él mismo, no son pocas las influencias externas a las que estamos sometidos desde bien pequeñitos y, cuando nos convertimos en padres/madres, aún se magnifican más los juicios a los que nos vemos expuestos. Siento que, de algún modo, esa licencia que tantas personas se permiten para opinar y aconsejar a una mamá embarazada o un hombre que acaba de ser padre, tiene tras de sí la preocupación ancestral de toda una tribu que cuida de sus crías, pero también está inevitablemente contaminada por siglos de condicionamientos sobre la crianza que han ido cambiando en función de otras necesidades sociales que nada tienen que ver con el interés genuino por el bienestar de los seres humanos en proceso de crecimiento.

La conexión con a la Vida que portamos en nuestro interior no se aprende en los libros, así que considero necesario “desaprender” todo aquello que se ha convertido en un ingrediente añadido e innecesario para poder conectarnos de nuevo con nuestra esencia más pura, la que no tiene dudas, la que sólo habla de certezas. Es como ir eliminando capas y más capas para encontrarnos en el centro de nuestro corazón y, desde ahí, vivir y acompañar a las personas con las que hemos elegido convivir en nuestra existencia en la Tierra.

Quienes ya han sido padres o madres alguna vez saben que poco importa la seguridad que mostraran en sus vidas antes de nacer su bebé pues a partir del momento en que decidimos ser madres o padres la inseguridad, el miedo y otros sentimientos como la culpa, por ejemplo, suelen hacer acto de presencia en nuestras vidas. Desde mi sentir más profundo esto responde a una falta de conexión con nosotros mismos, con nuestra esencia y nuestro corazón que siempre sabe el paso que hay que dar a continuación.

A ti que ya has sido madre ¿te imaginas tener a tu bebé en brazos con seguridad, sin miedo, independientemente de que llore, se queje, duerma mucho o poco, coma mucho o poco….? Esto es posible desde una conexión profunda con nuestro corazón y nuestro instinto más puro, pues es desde ahí desde donde podemos vivir cualquier situación con responsabilidad y una plena confianza en nosotros y en la Vida.

Por otra parte, también hay padres, pero sobre todo madres, que en el mismo momento en que reciben a su bebé en brazos sienten esa conexión instantánea y sólo precisan un mínimo apoyo que les brinde la confianza para seguir ese camino nuevo que su instinto les está dictando.

Desde este lugar de conexión con uno mismo y con la sabia naturaleza que hay en cada uno de nosotros es desde donde desarrollo mi acompañamiento a las familias. He adquirido la formación necesaria para acompañar los procesos vitales relacionados con el embarazo consciente, el puerperio, lactancia y crianza… y lo he integrado con mi propia experiencia de vida y el máximo respeto por ese maestro/a que todos y todas llevamos dentro. Si te resuena mi propuesta y mi sentir te invito a seguir paseando por el blog.

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